El refranero español dice que; «uno no se rasca hasta que no le pica»

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(Foto: Huelva Comercio – X)

 

Aquellos que criticaron duramente y de manera despreciable a un club rival, pertenecientes al mismo latifundio, ahora ascienden al Templo de los Imposibles Ridículos para batallar en los despachos y reconquistar el lugar en LEB PLATA que perdieron en la cancha debido a una gestión deportiva deficiente. A veces, el dinero no lo es todo, o posiblemente si, todo depende de lo que se pueda comprar o vender. 

 

Todo viene de muy atrás, de una Guerra Civil interna en un club que fue ACB, para terminar en una fosa común y bajo una losa muy pesada imposible de levantar.

No se conoce exactamente qué hace especial al deporte en Huelva, pero sí sabemos que cuando la ilusión nos lleva a soñar, un sonido de ¡crack! rotundo puede romperlo todo. Podríamos hablar del voleibol más europeo, del baloncesto más nacional, del fútbol más galáctico, del fútbol femenino más destacado en copas o del bádminton más internacional.

 

El deporte en Huelva es un reflejo fiel y digno de la ciudad que representa, careciendo de infraestructuras, capacidad económica y humildad. Al final, pierde dos clubes baloncestistas, dos aficiones y la ciudad.

Estoy deseando escribir sobre lo que ocurrió en ese club de la ACB, su conflicto interno y el origen de lo que no necesitaba suceder para existir. Será al final de la temporada. Buena suerte al Comercio Huelva, a sus seguidores y a sus patrocinadores. Todo estará en manos de las decisiones de los despachos.

 

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