¿Tiene techo este Recre?
El Decano de Jesús Galván ha encontrado una identidad reconocible, compite ante cualquier rival y transmite una personalidad ganadora, aunque todavía tiene aspectos que pulir antes de afrontar el reto de la Copa Federación
La quinta amarilla de Segura no le impediría disputar la final ante el Sestao

¿Tiene techo este Recre? Es una pregunta que me hago cada vez que veo jugar al equipo de Jesús Galván. Y no es una cuestión menor. Porque, más allá de los resultados, este Decano transmite algo que va mucho más allá de ganar o perder: tiene un ADN propio, una seña de identidad que el técnico hispalense ha sabido inculcar a sus jugadores y que ya forma parte de la personalidad del equipo.
Este Recre sabe a lo que juega. Sus futbolistas tienen claro el camino, conocen el sistema y, sobre todo, saben que aquí nadie se guarda nada. Cada partido es una batalla en la que hay que dejarse la piel, independientemente del rival que esté enfrente o del momento de forma por el que atraviese. No hay excusas ni complejos. Hay una idea y un grupo que cree en ella.
Ya lo vimos ante el Betis Deportivo, un equipo que llegaba lanzado y que por entonces era el principal perseguidor del Decano. Y volvimos a comprobarlo frente a un Mijas Las Lagunas que, con todos mis respetos, tampoco ofreció algo que no hayamos visto en otros equipos que han pasado por el Nuevo Colombino. Su principal virtud estuvo en el trabajo defensivo, con una línea bien organizada que consiguió dificultar el juego ofensivo del Recre durante muchas fases del encuentro.
Aitor García, un futbolista que marca diferencias
Pero si hay un jugador capaz de alterar cualquier planteamiento defensivo, ese es Aitor García. El onubense atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera y lo demuestra cada vez que entra en contacto con el balón. Su capacidad para inventar, encarar y generar peligro convierte cada acción en una amenaza para el rival. La defensa del Mijas lo sufrió y, aunque consiguió contenerlo en determinados momentos, cada aparición del extremo generaba inquietud.
También dice mucho de su personalidad la reacción que muestra cuando le toca abandonar el terreno de juego para dejar su sitio a un compañero. Ese carácter competitivo, esas ganas de estar siempre dentro y de ayudar al equipo, son detalles que definen a un futbolista, pero que también hablan del espíritu de este Recre.
Porque ayer, más allá de nombres propios, el equipo firmó un encuentro de mucho mérito. Todos aportaron, todos compitieron y todos entendieron lo que exigía el partido. Eso sí, no fue precisamente la mejor tarde en cuanto a puntería. Y ahí es donde el Decano debe aprender a tener algo más de paciencia.
Las prisas y la falta de acierto, asignaturas pendientes
Las prisas nunca son buenas consejeras. En ocasiones, las ganas de marcar el segundo antes de conseguir el primero o de cerrar el partido antes de tiempo pueden terminar jugando en contra. El Recre dispuso de ocasiones para haber conseguido un resultado más cómodo, pero le faltó tranquilidad en los metros finales. Hay que saber dosificar el ímpetu, elegir mejor los momentos y entender que no todos los partidos se pueden resolver a la misma velocidad.
El penalti fallado por Ale Marín es otro ejemplo de que el fútbol no siempre responde a lo que uno espera. Era una oportunidad para darle tranquilidad al equipo, pero el lanzamiento no terminó en gol. Tampoco hay que convertirlo en un drama: el portero también juega y, en este caso, supo hacer su trabajo. Lo importante será que el equipo siga generando ocasiones y mantenga la confianza.
Hay otro factor que no podemos pasar por alto: las numerosas bajas. Tener entre siete y ocho futbolistas de los considerados titulares fuera de combate supone un contratiempo importante, especialmente cuando la acumulación de minutos empieza a pesar en las piernas. Las alternativas se reducen y, con ellas, también las posibilidades de modificar determinados aspectos del encuentro cuando el guion lo exige.
Porque una cosa es el plan inicial y otra muy distinta lo que demanda cada partido sobre la marcha. Es ahí donde se necesitan perfiles diferentes, piernas frescas y características concretas para cambiar el rumbo de un encuentro. Y ahora mismo, con tantos jugadores en la enfermería, Galván tiene menos cartas para jugar.
Bilbao espera a un Recre con hambre de títulos
Lo que está claro es que Jesús Galván tiene muy definida su idea y que sus jugadores la han hecho suya. Ese es, probablemente, uno de los mayores éxitos del técnico. Ha construido un equipo reconocible, competitivo y con una personalidad que no se arruga ante nadie. Un equipo que sabe sufrir, que pelea cada balón y que ha conseguido que el recreativismo vuelva a sentirse identificado con lo que ve sobre el césped.
El empate ante el Mijas deja un sabor agridulce, pero no debe empañar el camino recorrido. Ahora toca cambiar el chip y poner los cinco sentidos en la final de la Copa Federación frente al Sestao River. Bilbao espera al Decano el próximo 14 de noviembre, en una cita que puede traer el primer título de la temporada y que supondrá la primera final oficial por un trofeo desde aquella inolvidable aventura copera frente al Mallorca, en el Martínez Valero.
La oportunidad está ahí. El equipo tiene identidad, tiene hambre y cuenta con una afición que nunca deja de creer. ¿Tiene techo este Recre? Sinceramente, no lo sé. Pero lo que sí tengo claro es que, con este carácter, esta idea de juego y este compromiso colectivo, todavía tiene mucho que decir. Y ojalá que Bilbao sea el próximo capítulo de una temporada para recordar.


