A mis padres, eternos recreativistas: Soñé con el Recre que me enseñasteis a amar
Por momentos hay imágenes que valen más que un resultado. Y hay sueños que solo pueden hacerse realidad si miles de personas deciden compartirlos
Pol Prats y Charbel Wehbe: «No nos pensamos ni un minuto venir al Recreativo»
A MIS PADRES, ETERNOS RECREATIVISTAS
Amanece.
Y esa imagen del Nuevo Colombino en el Trofeo Colombino continúa instalada en mi cabeza.
Todavía queda muchísimo por hacer. Desde el exterior hasta el interior. Hay rincones que necesitan tiempo, inversión y trabajo. Nadie lo discute. Pero qué bonito se veía ayer nuestro estadio. Qué especial resultaba contemplarlo con vida, con gente, con ilusión. Porque un estadio vacío es cemento. Un estadio con aficionados vuelve a ser un hogar.
El partido, para mí, era casi lo de menos.aunque os echaba de menos.
Sí, siempre queremos ganar. Claro que importa el resultado. Pero ayer había algo mucho más importante que noventa minutos de fútbol. Estaban La Carabela, el prestigio de un Trofeo Colombino que recuperamos y merece tener toda su esencia, la historia que representa el Decano del fútbol español y el reencuentro de unas aficiones que demostraron que el fútbol también puede escribirse desde el respeto.
Muchos analizarán el sistema de juego, los cambios, las ocasiones desperdiciadas o el estado físico del equipo. Es lógico. Forma parte del fútbol.
Yo me quedé mirando otra cosa.
Me fijé en las gradas. En las familias. En los niños que probablemente acudían por primera vez al Nuevo Colombino. En los veteranos que jamás han dejado de creer. En las conversaciones antes del encuentro, en los abrazos, en las fotografías y en esa sensación tan difícil de explicar que solo entiende quien siente estos colores, ustedes habéis sentido eso y lo hemos vivido juntos.
Anoche, ya en casa, volví a cerrar los ojos. Y, casi sin darme cuenta, me quedé dormido.
Entonces soñé.
Soñé con un Nuevo Colombino completamente lleno.
No era un Trofeo Colombino. Era un partido de Liga. Uno de esos que llegan cada quince días y que muchas veces damos por rutinarios, sin comprender que ahí se construye el verdadero futuro de un club.
No había colores verdiblancos.
Todo era albiazul.
Veía una Grada de Animación rugiendo desde el primer minuto. Gol Norte y Gol Sur completamente ocupados. El Fondo ondeando decenas de banderas mientras el viento de Huelva jugaba con ellas. Observaba un videomarcador moderno, enorme, proyectando imágenes de una afición orgullosa de sí misma.
La Tribuna aparecía limpia, cuidada, renovada. Los asientos nuevos, completamente ocupados por recreativistas.
No sobraba ni una localidad. Entonces los equipos salían al terreno de juego. Y se recuperaba una de esas tradiciones que jamás deberían perderse. Delante de todos avanzaba un adolescente portando con orgullo la bandera del Recreativo de Huelva. No caminaba solo. Detrás de él caminaba toda una ciudad. Entonces comenzó a sonar el Himno. Pero no desde la megafonía. Sonaba desde miles de gargantas. Un himno cantado por padres, madres, abuelos, hijos y nietos. Y ahí estabais vosotros.
Un himno que no necesita aprenderse porque forma parte de nuestra memoria. Las bufandas se levantaban al cielo. Las cámaras buscaban la emoción. Los futbolistas miraban hacia las gradas entendiendo que detrás de ellos no había solo espectadores. Había una provincia entera. Las fotografías oficiales. El sorteo de campos. El saque inicial. Y el balón comenzó a rodar.
Entonces…
Me desperté. Los sueños, sueños son. O quizá no.
Porque los sueños dejan de serlo cuando una afición decide convertirlos en realidad.
Y ahí es donde quiero detenerme.
El Recreativo de Huelva necesita mucho más que fichajes. Necesita socios. Necesita abonados. Necesita que cada quince días el Nuevo Colombino vuelva a convertirse en el punto de encuentro de todos los recreativistas.
No basta con aparecer cuando llegan los momentos decisivos o cuando la clasificación invita a soñar. Los clubes históricos no sobreviven únicamente gracias a sus victorias. Sobreviven porque su gente nunca abandona.
Cada asiento vacío es una oportunidad perdida. Cada carné que no se renueva es un pequeño paso atrás. Cada persona que decide quedarse en casa hace un poco más difícil el camino de un club que lleva más de un siglo representando el nombre de Huelva por toda España.
No podemos exigir un gran Recreativo desde la distancia. Hay que construirlo desde dentro. Desde la grada. Desde el sentimiento. Desde el compromiso. Porque un estadio lleno genera ilusión.
Genera ingresos. Atrae patrocinadores. Empuja al equipo. Hace crecer al club. Y, sobre todo, transmite a los futbolistas que detrás de cada balón dividido hay miles de personas creyendo en ellos.
El Decano necesita volver a ser una referencia. Y eso no depende únicamente de quienes gobiernan el club o de quienes saltan al césped. Depende también de nosotros. De los que llevamos el escudo en el corazón incluso cuando las cosas no salen.
De los que heredamos este sentimiento como yo hice de vosotros. Y de los que tenemos la obligación de transmitirlo a quienes vienen detrás. Si de verdad queremos recuperar el prestigio del Recreativo de Huelva, el primer paso no está en un despacho.
Está en la taquilla. En el carné de socio. En la decisión de acudir cada quince días al Nuevo Colombino. Porque el fútbol se juega sobre el césped. Pero los ascensos comienzan mucho antes. Empiezan cuando una ciudad decide caminar unida.
Cuando entiende que el escudo más antiguo del fútbol español merece sentirse respaldado como corresponde. Ayer vi un estadio precioso. Esta noche he soñado con un estadio lleno. Ahora solo falta que, entre todos, dejemos de llamarlo sueño. Y empecemos a llamarlo realidad.
Me despido con esa frase tan vuestra, de los que nos enseñasteis el camino: “El que no quiere al Recre, no quiere a su padre, ni a su madre”.




