¿Puede el modelo del CD Lamiya inspirar el renacimiento del baloncesto onubense?
La apuesta del club por una estructura sólida, unas instalaciones propias y una gestión profesional abre el debate sobre si ese camino podría trasladarse al baloncesto de Huelva para construir un proyecto estable y con vocación de futuro
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La irrupción del CD Lamiya ha generado un interesante debate que va mucho más allá del fútbol. Su modelo de crecimiento, basado en la creación de unas instalaciones propias, una cantera bien estructurada y una gestión profesional, invita a plantear una cuestión que desde hace años ronda la cabeza de muchos aficionados al deporte provincial: ¿podría aplicarse una fórmula similar al baloncesto de Huelva?
La provincia nunca ha carecido de talento ni de pasión por el baloncesto. Lo que sí ha faltado, en demasiadas ocasiones, ha sido la continuidad de los proyectos sénior, una estructura económica estable y un modelo capaz de garantizar crecimiento a largo plazo. Mientras otras provincias andaluzas han logrado consolidar clubes competitivos durante décadas, Huelva ha encadenado etapas de ilusión, crecimiento y desaparición que han impedido construir una identidad sólida alrededor de este deporte.
Un modelo construido desde los cimientos
Uno de los aspectos más llamativos del proyecto del CD Lamiya es que no nació con la obsesión de crear un primer equipo competitivo desde el primer día. Su prioridad fue otra: levantar una estructura capaz de sostener cualquier crecimiento futuro.
Primero llegaron las instalaciones deportivas. Después, la academia, la cantera, una metodología de trabajo definida y la profesionalización de la gestión. Solo entonces apareció el primer equipo.
Es un planteamiento que rompe con la tradición habitual, donde muchas entidades centran todos sus esfuerzos en el conjunto sénior con la esperanza de que los resultados deportivos solucionen posteriormente los problemas económicos. El modelo del club onubense invierte completamente ese proceso.
El baloncesto reúne las condiciones ideales
Precisamente el baloncesto podría ser uno de los deportes donde una filosofía de este tipo encontrara un terreno especialmente favorable.
Competir en categorías nacionales exige una inversión muy inferior a la del fútbol, el número de licencias necesarias es menor y el desarrollo de una cantera puede organizarse con una estructura más reducida. Sin embargo, el verdadero obstáculo del baloncesto onubense nunca ha sido exclusivamente deportivo, sino organizativo.
A lo largo de los años han surgido distintos proyectos con aspiraciones nacionales que no lograron consolidarse por diferentes circunstancias. Paralelamente, numerosos clubes han realizado un extraordinario trabajo de formación, aunque sin disponer de los recursos suficientes para convertir ese talento en una estructura profesional capaz de sostener un equipo de referencia.
Una cantera que ya existe
Uno de los errores más habituales sería pensar que en Huelva no hay jugadores. La realidad demuestra exactamente lo contrario.
Cada temporada, cientos de niños y niñas practican baloncesto en toda la provincia. Clubes como Enrique Benítez, Ciudad de Huelva, Onuba, Lepe, Punta Umbría, Gibraleón, Bonares, Palos de la Frontera, La Palma, Aljaraque o Montessori, entre otros, llevan años formando deportistas y alimentando la pasión por este deporte.
Existe talento, experiencia técnica y una importante tradición. Lo que ha faltado es una estructura común capaz de conectar todo ese trabajo y proyectarlo hacia el alto rendimiento.
Un complejo deportivo como eje del proyecto
Si el fútbol ha encontrado en el CD Lamiya un espacio donde centralizar entrenamientos, tecnificación y competición, el baloncesto podría aspirar a desarrollar una infraestructura similar.
Un complejo deportivo dotado de uno o dos pabellones cubiertos, gimnasio, salas de recuperación, espacios de tecnificación, residencia para jugadores y aulas de formación permitiría concentrar buena parte del trabajo que actualmente realizan distintos clubes de manera independiente.
Incluso surge una pregunta inevitable: ¿podría haber desempeñado ese papel el Polideportivo Las Américas?
La idea no consistiría únicamente en disponer de un pabellón para competir, sino en transformarlo en un auténtico centro de rendimiento con actividad durante todo el año mediante campus, torneos, alquiler de instalaciones, tecnificaciones, formación de entrenadores y otros servicios capaces de generar ingresos que contribuyeran a sostener el proyecto.
Primero la estructura, después el primer equipo
Quizá la mayor enseñanza que ofrece el modelo del CD Lamiya sea precisamente el orden de las prioridades.
Durante años, el baloncesto onubense ha impulsado proyectos centrados en alcanzar el éxito inmediato del equipo sénior, confiando en que los ascensos solucionaran posteriormente la estabilidad económica.
La experiencia ha demostrado que ese camino suele desembocar en situaciones de enorme fragilidad.
Invertir el proceso permitiría construir una base mucho más sólida: primero la estructura, después la cantera, más tarde una identidad deportiva reconocible y, finalmente, un equipo preparado para competir en categorías nacionales con garantías.
Una identidad para toda la provincia
Otro de los aspectos que podría marcar la diferencia sería dejar atrás el tradicional debate entre clubes para avanzar hacia una visión más amplia.
Un proyecto con vocación provincial no tendría por qué sustituir el trabajo que ya realizan las entidades de formación. Al contrario, podría convertirse en una estructura de coordinación que sirviera como referencia para aquellos jugadores con aspiraciones de competir al máximo nivel.
Los clubes continuarían desempeñando un papel esencial en el desarrollo de jóvenes deportistas, mientras esa organización superior actuaría como el siguiente escalón dentro del crecimiento deportivo.
La empresa privada, pieza imprescindible
Cualquier proyecto moderno necesita también un modelo de financiación sostenible.
La dependencia exclusiva de las subvenciones públicas ha demostrado tener importantes limitaciones. Por ello, atraer inversión privada, consolidar patrocinadores y profesionalizar la gestión resulta indispensable para garantizar estabilidad.
El deporte actual ya no puede entenderse únicamente como competición. También debe funcionar como una organización capaz de ofrecer servicios, organizar eventos y generar actividad durante los doce meses del año.
Pensar en diez años, no en una temporada
La principal diferencia entre los modelos tradicionales y el representado por el CD Lamiya probablemente resida en la perspectiva temporal.
El objetivo no consiste únicamente en ascender la próxima campaña, sino en construir una institución que continúe creciendo dentro de diez o quince años.
Ese cambio de mentalidad podría resultar especialmente valioso para un deporte como el baloncesto, donde demasiados proyectos han quedado condicionados por la urgencia de los resultados.
Una oportunidad para el baloncesto de Huelva
Huelva reúne muchos de los ingredientes necesarios para emprender una iniciativa de estas características. Dispone de tradición, entrenadores cualificados, una cantera amplia, una afición que siempre ha respondido cuando ha existido un proyecto ilusionante y un tejido empresarial que podría implicarse bajo un liderazgo sólido.
Quizá lo que todavía falta no sea talento ni ilusión, sino una estructura capaz de conectar todas esas piezas bajo una misma estrategia.
El verdadero valor del modelo impulsado por el CD Lamiya no debe medirse únicamente por la categoría en la que compita su primer equipo de fútbol, sino por haber demostrado que es posible construir un club empezando por los cimientos.
Y esa, probablemente, sea la reflexión más interesante para el futuro del baloncesto onubense: si ha llegado el momento de dejar de construir proyectos de temporada para empezar a levantar una institución con vocación de permanencia.


