Qué le rondará por la cabeza a Arzu

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El recurso a destiempo de su sanción es un nuevo aviso de una gestión que acumula muchos errores en poco tiempo


 

Adrián Fernández, acompañado en el palco por el consejero Antonio Carrasco, cumple un año como presidente del Recreativo. / Fran Barrera (SportsHuelva)

 

«Con menuda pandilla me he venido yo a la guerra», se estará recriminando Arzu en estos momentos, mientras se da cabezazos contra la pared. Cuatro partidos de sanción le apartarán del banquillo en lo que resta de competición regular, más un hipotético primer partido de play-off, con el agravante de que los que debían defenderle no llegaron a tiempo. En este caso, no fallaron los argumentos elegidos para destrozar la denuncia redactada en el acta arbitral ni el reglamento aplicado. Falló la diligencia de quienes optaron por hablar cuando había que tramitar, y cuando por fin se actuó, el plazo ya había expirado. Si el recurso hubiera llegado en forma y, aun así, hubiera sido desestimado, habría poco que objetar: quedaría, al menos, la conciencia de haberlo intentado. Pero no fue así. No llegó a tiempo; llegó un día tarde, y esa diferencia lo cambia todo.

 

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Lo más preocupante, sin embargo, no es el episodio en sí, sino el patrón de ‘pequeños’ errores en tan poco tiempo. Desde que la nueva cúpula gestora, liderada por Adrián Fernández, tomó las riendas hace algo más de un año, los pasos en falso se han ido encadenando con regularidad. Sucedió cuando el máximo mandatario prefirió acudir a los toros a estar presente en un partido con el descenso en juego; sucedió cuando no se supo pararle los pies a tiempo a Marcos López Aragón; y sucedió cuando se le puso precio a los equipos polideportivos que llevaban gloriosamente el nombre Recreativo por toda la geografía española.

 

La lista, lamentablemente, no se detiene ahí. Sucedió cuando se apostó por Pedro Morilla y se le encubrió frente al ruido nediático hasta que la clasificación impuso su veredicto; sucedió cuando hubo que remendar la planificación de verano con tiritas en invierno, y ni con esas nos está dando; sucedió cuando dejamos de jugar de local con nuestra equipación en el Nuevo Colombino, anteponiendo los acuerdos comerciales a la tradición. Y sucede ahora, cuando por una negligencia más, tu entrenador no podrá dirigir a su equipo en el último sprint. Un tropiezo es un accidente; dos, una coincidencia; tantos, en tan poco tiempo, ya se convierten en una costumbre poco halagüeña.

 

 

Dicho esto, sería injusto negar que también se han hecho cosas bien, incluso dignas de reconocimiento, y cuando ha sido así, corresponde reconocerlo sin ambages. El Real Club Recreativo de Huelva es una institución patrimonial e identitaria que esta ciudad lleva en el alma, cuyos pasos, por pequeños que sean, siempre se examinan con lupa. Una gestión que en otro club pasaría inadvertida, aquí tiene nombre, apellidos y consecuencias. Y una afición que ha demostrado sobradamente saber distinguir el error honesto del tropiezo evitable no está dispuesta, ni tiene por qué estarlo, a seguir mirando hacia otro lado de forma indefinida ante cada situación similar.

 

Arzu pagará desde la grada la factura de salir a defender a “una ciudad entera”, una defensa que a él le faltó por parte de sus superiores. Ahora, mientras reflexiona sobre su situación en el momento más importante de la temporada, solo cabe esperar que quienes podrían haber evitado este desamparo dediquen ese mismo tiempo a realizar examen de conciencia. No hay ningún minuto que perder. El Recre lo agradecerá.