Recre: nos vas a matar. Pero aún no sé de qué
Y yo que pensaba que íbamos a ganar… «de otra manera»; imaginaba una cosa más tranquila, pero no hice caso a cuántos me avisaron. Y un señor en el autobús, que me dijo que íbamos a sufrir, fue el primero; ya en el estadio, mi amigo Jesús Naranjo me alerta de lo justo que va a ir todo y, por cierto, acierta minuto y resultado. Y mi también amigo Nardy, además, me lo justifica antes del pitido inicial: “hay alineados tres futbolistas en el medio que no han tenido continuidad y que, por tanto, van a acusar la falta de ritmo”. Todos tenían razón: sufrimos mucho, ganamos 1-0, y los tres centrocampistas a quienes se refería mi compi, fueron sustituidos. Por mi parte y, mientras sigo el encuentro, llego a una conclusión en vivo y micrófono en mano, y que deseo compartir en estas líneas: cualquier comparación con el partido de La Minera, es inventada. Y me explico.
Aquel día, somos sobrepasados por el juego de un rival que, en muchos momentos, es superior a nosotros; pero, a pesar de eso, el Recre presenta sus credenciales hasta donde puede, durante todo el encuentro. Lo de este domingo ha sido diferente porque, sin desmerecer al Jaen, mejor posicionado y con las ideas más claras que nosotros durante muchos minutos, el mal juego del conjunto local nace en él mismo. Más que a la acción del rival, lo poco que le vemos se debe a su propia incapacidad para crear en la sala de máquinas, a su falta de precisión y, sobre todo, a la torrija que parecen tener los nuestros, en zonas donde no se puede tener. No se nos atragantó de milagro y, hablando de milagros, casi el único que podía hacer uno consigue un tanto que sólo podía llegar así. El día de La Minera marcamos, a pesar de todo, gracias al plan; el domingo, gracias a Dios; que digo yo que, mientras ganemos, vale, pero hasta el corazón de un recreativista tiene sus límites. En la medida de lo posible, chavales, algunos tenemos ya una edad…
Los visitantes traían un mejunje táctico de aúpa y no te menees, que denota lo trabajadísimo que está el equipo, y que desconcierta al Recre, hasta que le coge el truco: defendiendo, dibujaban un 1-4-4-2 con el que se bastan para frenar los ataques en estático de los albiazules. Pero, con balón, su lateral se convertía en extremo y dejaban a tres esperando la presión de Caye, Aitor, Bernal, Paolo y hasta la de Vela; de este modo, cuando ellos pasaban esa primera línea de presión, eran muchos más en el medio y estaban siempre en superioridad. Además, esos tres de atrás no dejaron rotar entre ellos; a veces, el que sube es David Serrano y el que se queda Curro quien, por cierto, con tanto follón también se lía alguna alguna vez y se le ve «aclarándolo» con Moyano y con Caballero. Ellos muy bien, y tuvieron sus opciones con Siverio y con Ñito González, ejemplos de fichajes que son un acierto en el complicado mercado invernal.
Pero no diga mercado invernal; diga Aitor. El de Gibraleón ha caído de pie, y el domingo salvaba un ascenso que… perdón; salvaba un partido al que, al menos yo, no le estaba viendo casi nada bueno. Las innumerables pérdidas hacían imposible “empezar” nada potable con balón, y el equipo estuvo muy espeso, y muy lejos del desparpajo que, con posesión, muestra en otras ocasiones. Los cambios aportaron en el corazón del Recre frescura, pero no ideas; y en el corazón de los que allí estábamos una alegría tan grande como para disfrutar la tarde, pero no tanto como para pasar de puntillas por un partido tan malo. A buen seguro que Arzu está celebrando los tres puntos mientras analiza por qué parece que los nuestros llegan siempre tarde. No todo es “es que la plantilla es así”; también se perdió “la partida de ajedrez” y, en parte, creo que es porque no vimos la “versión buena” de Bernal ni de la de casi nadie, porque la de Antonio la vimos diez minutos, y porque faltaba Mena. Les necesitamos porque representan aquello que el Recre saber hacer mejor que nadie, y que el domingo no hizo.




