¿Hasta cuándo va a soportar el Recreativo arbitrajes que condicionan su temporada?

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Errores reiterados, decisiones incomprensibles y una sensación creciente de agravio que enciende a toda una afición

Arzu se expone a una dura sanción tras su expulsión: el acta arbitral podría apartarlo del banquillo


Foto: Simulación creada con IA

 

 Lo del Recreativo de Huelva con los arbitrajes ha dejado de ser una coincidencia para convertirse en una preocupación seria que amenaza con condicionar su temporada y la credibilidad de la competición.

 

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¿Hasta cuándo va a tolerar el Recreativo de Huelva este tipo de arbitrajes? Esa es la pregunta que sobrevuela cada jornada y que, lejos de disiparse, gana fuerza con cada nuevo episodio. Porque una cosa es perder por errores propios —algo que entra dentro de la lógica del fútbol— y otra muy distinta es competir en igualdad de condiciones… o, mejor dicho, no hacerlo.

Nadie discute que el equipo albiazul no ha sido un modelo de regularidad esta temporada. Durante la etapa de Morilla, el juego fue claramente insuficiente, y con Arzu se ha dado un paso adelante, aunque las carencias siguen siendo evidentes. Pero ese análisis deportivo no puede ni debe tapar lo que está ocurriendo sobre el césped en lo que respecta al arbitraje.

Porque lo del Recre no es nuevo. Desde la implantación de las categorías RFEF, el club viene acumulando actuaciones arbitrales más que cuestionables. La pasada temporada, sin ir más lejos, ya se vivieron episodios que dejaron una sensación amarga y que alimentaron todo tipo de sospechas. ¿Casualidad? Puede ser. ¿Repetición constante de errores en la misma dirección? Cuesta más creerlo.

El partido ante el Extremadura fue la gota que colma el vaso. En un duelo directo, intenso, de máxima exigencia, la actuación del colegiado García Presa terminó por desquiciar a todos: grada, banquillo, jugadores y a una ciudad entera que empieza a sentirse indefensa.

No es normal que en el primer minuto de partido Paolo vea una amarilla por una acción que, minutos después, el rival replica sin siquiera ser sancionada. No es normal que se señalen faltas inexistentes que acaban generando ocasiones claras para el adversario. No es normal que se ignoren acciones claras mientras se castigan otras con una severidad desproporcionada.

Y así, una tras otra: criterios desiguales, decisiones incomprensibles, descuentos que se alargan sin explicación, manos que se interpretan de forma caprichosa, penaltis que aparecen para unos y desaparecen para otros. Un cúmulo de situaciones que, vistas de manera aislada, podrían entenderse como errores humanos. Pero cuando se repiten con tanta frecuencia, dejan de parecerlo.

 

 

El problema es aún mayor cuando estas decisiones se producen en partidos de máxima exigencia, ante rivales directos, donde cada detalle marca el devenir de una temporada. Porque el Recre podrá jugar mejor o peor, podrá tener altibajos —que los tiene—, pero lo que no puede permitirse es competir con la sensación de que todo está cuesta arriba desde el silbato inicial.

El fútbol necesita árbitros, sí, pero también necesita credibilidad. Y esa credibilidad se resquebraja cuando clubes históricos como el RC Recreativo de Huelva sienten que no se les mide con la misma vara que a sus rivales.

Ha llegado el momento de alzar la voz, de exigir explicaciones y de poner el foco donde corresponde. Porque el Decano podrá fallar, pero lo que no puede seguir permitiendo es que le resten desde fuera lo que intenta construir dentro del campo.