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La rodilla derecha vuelve a cebarse con la campeona olímpica tras tener encarrilado el pase a la final ante la china He.

 

Carolina Marín sufrió una aparatosa caída que se ha cebado con su rodilla derecha (Fotografía: Getty Images)

 

Estaba reflexionando sobre el titular; buscaba la manera de expresar con palabras lo que sentí al verla en la pista. Ella estaba feliz, y nosotros también, porque Carolina estaba como quería estar hoy: intratable. He Bingjiao había derrotado el día anterior a Chen Yufei, la oponente más difícil, en mi opinión, que podía enfrentar; y ahora estaba superando a He Bingjiao. Era la misma Carolina que, en 2014, le dio la vuelta al partido más importante de su carrera contra Lii Xuerui, y la misma Carolina que le arrebató el oro olímpico en 2016 a la versión más poderosa de Sindhu. La Carolina que ninguna de las demás desea enfrentar porque, en este estado, nadie puede vencerla. Créeme, no habrían podido con ella.

 

Así que, cuando menos ganas tenía de escribir porque para mí los Juegos habían terminado, tuve que apartarme las lágrimas de los ojos, cumplir con mis compañeros del periódico y, aún con los pelos de punta y el corazón encogido, ponerme a teclear. Era lo mínimo que podía hacer porque, en este momento, lo que sentimos nosotros no importa: importa ella, que ha cambiado unas lágrimas por otras en un instante. Y creo que seguir con esto sería redundar en el dolor que estará sintiendo, así que…

 

Gracias, Caro, por estar ahí. Gracias por habernos hecho felices; a mí me haces feliz en cada partido, sin importar cómo estés, ganes o pierdas. Pero creo que hoy quien te quiere dar las gracias es el mundo entero. Gracias por poner tu talento, tu trabajo y tu arte al servicio de los mortales. Gracias, ánimo, si eso es posible, y cuando tú quieras, aquí estaremos todos esperándote.

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