Por favor, que haya sido una casualidad
La opinión de Tomás García: El peligro de echarse atrás cuando la jerarquía del Decano exige ambición y protagonismo de principio a fin
Ale Marín: «Estamos aquí para lo que estamos todos, que es el ascenso»

Si dirigiendo al Recreativo de Huelva, jugando en casa, con tu público entregado y ganando 1-0, no te da para ir a por el segundo, ¿qué necesitas? La frase en sí no es mía; la pronunció Ángel Cappa refiriéndose a otro equipo, pero reclamando más o menos lo mismo. Él hablaba del Madrid y yo, del «Madrid de la categoría». O, por citar también al otro grande: yo no le pido al Recre que juegue como el Barcelona pero, al igual que los catalanes hacen valer en el campo la diferencia que existe entre ellos y el Alavés, los nuestros tienen también que plasmar la distancia que existe entre el decano del fútbol español y el Puente Genil. Lejos de eso, durante muchos minutos nuestro rival nos toreó, nos cortó una oreja, y nos pudo haber cortado las dos, casi sin hacernos faena.
Como recreativista, e incluso militando en la cuarta categoría de nuestro fútbol, a mí no me molesta que llegue alguien al Colombino, imponga su plan de partido, y se lleve el gato al agua: los demás también saben jugar. Ser “el Madrid de la categoría” no te regala puntos, sino obligaciones, y la primera que tiene este club es saber qué es lo que quieren sus más de trece mil socios, aburridos cada año de dar a cambio de nada, y temerosos esta temporada, visto lo visto, de que esto sea lo de siempre. Por eso, lo que sí me molesta es que un equipo que supuestamente “pretende ser dominador” y, a raíz de lograr el primer gol comience, como quien no quiere la cosa a ceder el campo, a desentenderse del balón, y a permitirle al rival “cambiar de estado”: de ausente, a en el trabajo, como en el whatsapp.
En la rueda de prensa y, antes de que Galván haga acto de presencia, el debate está en si los futbolistas se han echado atrás por aquello del miedo a que te marquen… o ha salido todo del banquillo. Entonces y, aún a riesgo de equivocarme, le digo a un periodista y amigo allí presente que, cuando es cosa de los entrenadores, estos lo “cantan” en sus declaraciones, aunque no quieran hacerlo; y, sin decir nada, lo cuentan todo. Así, cuando el míster dice aquello de la voluntad de echarse atrás “pero no tanto”, mi estimado amigo y también periodista me mira y, sin necesidad de que tengamos que decirnos nada, también nos lo hemos contado ya todo. Y, continuando con dicha rueda de prensa, si la razón de que el Puente Genil tome las riendas es en parte por su reacción, y en parte porque el Recre da un paso atrás, ahí hay un “fifty” del fifty fifty que me sobra; no existe el equipo que controle todas las fases de un encuentro a su absoluta voluntad, pero sí existen los que, jugando como locales, como visitantes o en el Infierno quieren tener la iniciativa hasta cerrar los encuentros, para no dar así una sola facilidad a su adversario. Si el partido finaliza 4-4, con ambos equipos peleando por el balón y pudiendo haber quedado 8-8, la gente se marcha aplaudiendo. Si Ale Marín no hace “eso” a última hora, hoy estaríamos hablando de una tragedia.
Tema distinto es si todos los futbolistas tienen el nivel que se les presupone para hacer lo que hay que hacer. Pero, como esto parece la Historia Interminable, aquello, es otra historia. Iremos saliendo de dudas según avancen las jornadas, e iremos viendo si lo del pasito atrás es por físico, por un acto involuntario de los jugadores, por arte de magia o… por decisión técnica… Por favor, que haya sido una casualidad.

