Un eclipse muy particular en el Decano
Diapositiva del Nuevo Colombino - Juan Carlos Antero
Una mirada atrás para entender por qué hoy el Decano está en manos privadas
El Recre no necesita otro verano: necesita acertar

El Recreativo de Huelva atraviesa una etapa en la que las críticas se suceden. La pretemporada ha abierto debates sobre las camisetas, los fichajes, los abonos, el juego y los resultados. Todo entra dentro de la lógica del fútbol, donde la pasión suele ir varios pasos por delante de la paciencia.
Pero quizá, antes de analizar únicamente lo que ocurre hoy, convenga mirar atrás. Porque hay una realidad que no deberíamos perder de vista: el Recreativo ya no pertenece a su afición ni es de titularidad pública. Está en manos privadas.
Y no es una situación que haya aparecido de repente.
En la historia reciente del Decano hubo hasta tres oportunidades para que las acciones terminaran en manos de la afición o de capital onubense. Tres momentos diferentes, con circunstancias económicas y sociales muy distintas.
Ninguno terminó materializándose.
Las tres oportunidades
La primera llegó el 29 de julio de 1999, cuando se depositó el capital social necesario para transformar al Recreativo en sociedad anónima deportiva. La operación fue sufragada prácticamente en su totalidad por el Ayuntamiento de Huelva, a través de Huelva Deporte, después de la venta de los terrenos del antiguo estadio de Isla Chica.
La posibilidad de participación estaba ahí. Sin embargo, la respuesta de la afición no fue suficiente para asumir el control de la entidad.
La segunda oportunidad apareció a finales de diciembre de 2011, cuando Gildoy adquirió aproximadamente el 75 % del accionariado que se encontraba en manos de la sociedad pública Huelva Deporte.
Y la tercera llegó en mayo de 2025, cuando GS Vael Management, con el respaldo de TS Capital Partners, pasó a controlar las acciones del Decano.
Tres operaciones. Tres momentos en los que la propiedad cambió de manos.
Y ninguna terminó con el Recreativo bajo el control de su afición.
Comprar las acciones era solo el principio
Ahora bien, sería demasiado sencillo quedarse únicamente con ese argumento.
Ser propietario del Recreativo no significa solamente comprar unas acciones. Significa asumir una responsabilidad económica enorme y hacer frente a una entidad que durante años ha acumulado problemas financieros.
La nueva propiedad tuvo que afrontar obligaciones importantes para intentar estabilizar la situación del club. Entre ellas, el pago de 1,7 millones de euros a Hacienda, que permitió poner fin al Convenio Singular con la Agencia Tributaria.
A ello se suma la deuda histórica con el Ayuntamiento de Huelva, cifrada en 11.957.266,88 euros, cuyo convenio contempla su devolución en un plazo máximo de diez años.
Y en marzo de 2026 se produjo además una nueva inyección económica de 2,13 millones de euros comprometida por el accionista mayoritario para contribuir al saneamiento y a la estabilidad de la entidad.
Es decir, asumir el control del Recreativo implicaba mucho más que adquirir un paquete accionarial. Había que poner dinero, afrontar deudas, negociar obligaciones y asumir el riesgo de gestionar una entidad con una historia económica especialmente complicada.
La pregunta que incomoda
Y aquí aparece una pregunta que quizá no guste demasiado:
¿Hubiese podido la afición recreativista asumir todo eso?
No existe una respuesta sencilla.
Querer al Recreativo no es lo mismo que disponer de los recursos económicos necesarios para convertirse en propietario. Y tampoco basta con tener dinero. Hace falta capacidad de gestión, estructura, planificación, conocimiento del negocio y, sobre todo, capacidad para soportar los momentos complicados.
Porque el Recreativo no ha demostrado precisamente ser una empresa fácil de administrar.
¿Y el capital onubense?
También cabe hacerse otra pregunta: ¿no había en Huelva empresarios con capacidad económica suficiente para haber dado el paso?
Probablemente sí.
Huelva y su provincia han contado y cuentan con personas y grupos empresariales con capacidad para afrontar operaciones de considerable magnitud. Sin embargo, tampoco entonces apareció ese movimiento empresarial que permitiera construir un proyecto de propiedad netamente onubense.
Es una realidad que puede resultar incómoda, pero forma parte de la historia del Decano.
Hoy podemos criticar. Y debemos exigir
Por supuesto que la afición tiene derecho a criticar.
Puede cuestionar los fichajes, los abonos, las camisetas, las decisiones deportivas, el juego del equipo o la gestión de la propiedad. La crítica forma parte inseparable del fútbol y, especialmente, de un club como el Recreativo.
Pero también debemos ser capaces de mirar la historia con cierta perspectiva.

Porque hubo oportunidades.
Una. Dos. Tres.
Y ninguna acabó con el Recreativo en manos de su afición.
Hoy los propietarios privados son quienes asumen el riesgo y toman las decisiones. Ellos serán quienes tengan que responder por sus aciertos y por sus errores. Y será la historia la que termine colocando a cada uno en su sitio.
El Recre es mucho más que unas acciones
Porque el Recreativo de Huelva no es solamente una sociedad mercantil. Es historia, identidad, sentimiento y patrimonio de una ciudad. Es el Decano del fútbol español y, además, un Bien de Interés Cultural.
Precisamente por eso, el debate sobre su propiedad siempre tendrá una dimensión que va mucho más allá de los números.
Pero si queremos hablar de un «Recre de su gente», también debemos recordar que hubo momentos en los que esa posibilidad estuvo encima de la mesa.
Hasta tres veces.
Quizá la reflexión no deba ser solamente quién manda hoy en el Recreativo. También deberíamos preguntarnos quién estuvo dispuesto, cuando tuvo la oportunidad, a asumir la enorme responsabilidad de hacerlo suyo.
Porque amar al Recre es fácil cuando se gana.
Ser propietario, gestionar sus problemas y responder cuando las cosas vienen mal dadas es otra historia.
Y esa también forma parte del relato del Decano.
Tres oportunidades. Tres trenes. Ninguno fue tomado.
Quizá ese sea también el espejo en el que hoy debe mirarse el recreativismo.


