El baloncesto en Huelva: Rehén de los egos
Una reflexión crítica sobre cómo el personalismo, la falta de unidad y las luchas internas han llevado al baloncesto onubense a una crisis profunda, alejándolo de su verdadero potencial deportivo y social

Si el baloncesto en Huelva está en ruinas, no es por falta de talento, ni por desinterés de la afición, a veces, ni siquiera por la escasez de recursos. El principal enemigo del baloncesto onubense tiene nombre y apellidos colectivos: los egos. Años de decisiones tomadas desde el orgullo, el personalismo y las guerras internas han convertido un deporte con potencial en un campo de batalla improductivo.
En Huelva no faltan personas que “saben de baloncesto”; sobran quienes creen que el baloncesto les pertenece. Cada proyecto nace con la obsesión de imponer un sello personal, no de construir algo duradero. Se confunde liderazgo con protagonismo, y gestión con control. El resultado es devastador: clubes enfrentados, entrenadores quemados y una cantera utilizada como moneda de cambio en luchas que nada tienen que ver con el deporte.
La falta de unidad es clamorosa. En lugar de cooperar, se compite por parcelas de poder. En vez de sumar esfuerzos, se fragmenta lo poco que hay. Se prioriza el “yo” frente al “nosotros”, incluso cuando eso implica dinamitar proyectos enteros. Y cuando las cosas fracasan —porque inevitablemente fracasan— nadie asume responsabilidades. Siempre hay una excusa, un enemigo externo o una conspiración imaginaria.
Las instituciones, lejos de ejercer un papel arbitral y constructivo, han permitido —cuando no alimentado— esta dinámica tóxica. Se reparten apoyos, a veces con desigualdad, sin exigir profesionalidad, se toleran improvisaciones y se premia más la cercanía personal que la competencia. Así, el baloncesto se convierte en un cortijo donde unos pocos mandan y muchos pagan las consecuencias.
Mientras tanto, los verdaderos damnificados miran desde la grada: niños y niñas que cambian de deporte, familias desencantadas y una afición cansada de promesas vacías. El talento se marcha, la ilusión se apaga, las gradas se vacían y Huelva sigue perdiendo peso en el mapa del baloncesto nacional.

El baloncesto onubense no está en crisis: está secuestrado. Secuestrado por egos incapaces de mirar más allá de su propio reflejo. Hasta que no se entiendan que los proyectos están por encima de las personas, y que el deporte no es un escenario para alimentar vanidades, cualquier intento de recuperación será puro maquillaje.
Porque en Huelva no falta baloncesto. Lo que falta es humildad. Porque en Huelva no falta baloncesto. Lo que falta es humildad.


