Ahora, lo metemos todo
Las manos bien dentro de los bolsillos, los pies helados y el corazón contento. Fue la imagen, el domingo, de un recreativista cualquiera; tú misma, yo mismo, soportando este frío surrealista que nos ha traído Enero, mientras veíamos los goles en el luminoso con una sonrisa escondida entre el gorro y la bufanda. Esto ya es otro rollo: lo de menos son los nueves puntos y diez goles en tres partidos; yo me quedo con el giro de guion que el Recre le ha dado al asunto porque ahora, si pensamos en el futuro, vemos algo de luz. Parece que fue ayer cuando todo era oscuridad, y cuando la solución a todos los problemas era un balonazo, o una excusa. Alguien detrás mía comentaba a sus acompañantes que Arzu ha traído la calma; se lo compro, porque ni por jugar lento juegas con cabeza, ni por jugar acelerado juegas a buen ritmo: Recre 5, Estepona 0, un partido en el que el míster a mí sí me ha traído la calma, porque en el transcurso del mismo hemos planeado qué hacer el próximo finde, festividad de San Sebastián, y hemos recordado música de los 90s, debatido sobre la idoneidad o no de la cebolla en la tortilla…
Lo primero que tuve claro, apenas comenzó a rodar el balón, es que el entrenador del Estepona tenía muy estudiado nuestro partido frente al Extremadura; los malagueños comenzaron haciendo una presión muy alta, con la intención de pescar algo, primero, pero también con la de dejarnos sin balón y anular cualquier atisbo de salida fulgurante por nuestra parte. Y el caso es que les sale bien porque, durante el primer periodo, ellos ensanchan el campo y están mejor que nosotros; nos impiden sacar la pelota jugada, el partido transcurre en nuestro campo, merodean nuestra área y, mientras tanto, no nos llegan demasiadas noticias del Recre. Pero entonces llega el gol de Bernal, la primera vez que nos acercamos a su portero, y les damos el primer “palito”; ¿suerte? Por supuesto, que no. Lo primero que hay que decir, “pon un Bernal en tu vida”; es el mejor de la plantilla, para eso está, y para eso lo pone ahí el entrenador. Aunque lo segundo y no menos importante, es una reflexión que me hice tras el gol: si nos coge este mismo equipo hace unos meses nos hace un siete, porque ahora, y a diferencia de antes, el Recre de Arzu es capaz de inventar un plan b cuando le están dominando, y de desatascarse cuando está atascado; el equipo enfrenta situaciones adversas sin rifar la pelota, y tratando de jugar, al menos, lo que le dejan. Y ese es el motivo por el que genera esas tres claras ocasiones en la primera parte, y no el azar: causa y efecto aderezados con unas gotas de efectividad, y que no es suerte porque cuando no metíamos ninguna de las tres, “éramos muy malos”…
El caso es que el Estepona, a más goles que le metíamos, más corría; una contrariedad de no ser porque el equipo mantuvo más o menos el tipo, como hizo frente al Extremadura y Malagueño y, cuando tuvimos ocasión, metimos otro. Ya en la segunda parte y tras el gol de Roni, el escenario cambió y, aunque el Estepona jamás le perdió la cara a lo que vino a hacer aquí, en sus jugadores pesaba ya demasiado correr tanto para no conseguir nada. Y así, hasta cinco.

El equipo ha sabido cambiar su propia dinámica, y ahora nos sale todo y lo metemos todo. No es suerte. Es trabajo. Y, en esta línea, ahora sí tenemos motivos para creer. Bueno, por la mejor imagen y por los refuerzos, que no terminan de llegar pero que tendrán que hacerlo, si es que queremos mirar en serio y sin guasa la plaza que ahora mismo ocupa el Águilas. Y todo eso además de recuperar la salud de nuestros lesionados, y los goles de nuestros delanteros. Necesitamos a Caye, un tipo que, ahora que está tan de moda la expresión, nunca se “ha borrado”, y siempre ha puesto la cara, con o sin goles.



